El terror se enconde en cada esquina.
Ayer por la tarde sorita y yo fuimos a la veterinaria porque sorita tiene un pequeño problema buco-dental. Como hacía taaaaanto tiempo que yo no salía a la calle nos fuimos a dar una pequeña vuelta por el barrio este friki en el que vivo.
La sori estaba muy cansada, sólo había dormido 22 horas en todo el día y claro, no podía andar ni dos pasos, así que la cogí en brazos para volver a casa, quedándose profundamente dormida. De repente la sori de despertó y empezó a ladrar como una poseída, yo no la sabía lo que la pasaba, y me asusté un poco. Se calmó pero seguía gruñendo. Hasta que cuando estaba sacando las llaves mi casa se arrojó por encima de mi hombro ladrando muy fuerte y sacando los colmillos. Yo me giré y vi con espanto ¡¡que un hombre estaba intentando meterme mano en el bolso!!, encima va el tío y me dice que controle a mi perra a ver si le a morder, porque se fue tiritando del susto que le pegó la sori. Claro, la debió de ver tan pequeña y adorable que cuando le pegó ese ladrido tan potente, y le enseñó sus magníficos y sanos colmillos se quedó petrificado por el pánico. Pobre idiota, yo sólo llevaba dentro del bolso un abanico roto y una botella de agua. Lo que más valor llevaba estaba entre mis brazos.
Te quiero sori, porque siempre que te necesito estás aquí.
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