Resumen de mi día de deep-shopping.he cogido 300 euros (en metálico, no puedo usar tarjeta, porque si no no soy consciente del dinero que gasto y a fin de mes no me da para pagar a GreenPeace), y me he arrojado al centro de Madrid en busca de algo que pueda cubrir mi cuerpo con un mínimo de dignidad, a ser posible un pantalón vaquero que no haga que mi cuerpo imperfecto parezca una aberrante monstruosidad embutida.
Como me pillaba antes el zara, pues he ido al zara, pero allí, claro, ni en sueños encuentras un pantalón que siente bien, porque la talla 42-44 que es la mía, allí es de obesas mórbidas, y las camisetas tres cuartas de lo mismo, el cuerpo entra...pero ¿y las tetas? ¡que tenemos tetas señores! ¡y en mi caso no pequeñas precisamente!, por eso si tengo una talla 40 arriba no me da la gana tener que comprarme una talla XL y parecer el doble de gorda de lo que estoy en realidad.
Luego he entrado en mango que "dicen" que han hecho tallas especiales (para gordas como yo, se entiende). Vale, encuentro unas vaqueros que tienen el tobillo tan pequeño que no cabría ni la patita de la sori. No me llevo pantalones, pero me llevo un abrigo que no me pondré jamás y un bolso rojo que estoy pensando en devolver, porque me lo compré pensando que dentro entraría la sori, pero ya lo he probado y no entra, así que no tengo razones para quedármelo.
Llego a mi querido e idolatrado H&M único lugar del mundo de donde me pongo la ropa que me compro. Empiezo a mirar y no paro de llevarme. Pendientes, prendas brilli-brilli, otra falda, unas medias rojas (hay que recordar que este otoño lo más de lo más es llevar medias de colores), una camiseta con una calavera para finalizar con ella esta última época punk, etc, etc. A mi hermano un par de camisetas.
Necesito otras bailarinas plateadas. Las encuentro en una zapatería, no son redondas, son de punta. pero me gustan y las necesito, así que me las llevo.
Entro al Sephora. Me compro brillo de labios y purpurina para los ojos, que jamás usaré pero que me ha hecho mucha gracia.
Casi cuando me marchaba recordé que sorita no tenía champú especial cabellos rubios, así que fui a la sección de mascotas de unos grandes almacenes, y lo busqué, compré también unas croquetas enriquecidas y unos palitos para el aliento fresco de las mascotas.
Cansada y viendo que no iba a encontrar vaqueros, decidí marcharme a casa. un poco mal, porque volvía con todo menos con lo que tenía que volver que eran unos malditos y asquerosos vaqueros.
No me queda más que volver mañana a la aventura vaquera.
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